Martes, 11 de Diciembre de 2018

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Críticas
 





ESA BATUTA
EMECE
Musikaste Fecha: 26-V-2018. Lugar: Parroquia de Fátima. Programa: Obras de María Eugenia Luc (Jing), María Luisa Ozaita (Siciliana), Rodrigo A. de Santiago (Tríptico de Homenajes), Ramón Usandizaga ( Suite sobre motivos que tuvieron su época), Beltrán Pagola (Sinfonía nº2), Manuel Sagasti (Misa de Réquiem). Coro: Andra Mari Abesbatza (director: Andoni Sierra). Orquesta: Sinfónica de Euskadi (director: Robert Treviño)
El día de clausura de este gran festival de música vasca siempre está diseñado con un especial empeño para otorgarle el mayor empaque posible. En este caso volvió a ser así, pero no lo tuvo. Explicación: sobre el escenario la OSE, Andra Mari Abesbatza –si bien es cierto que con menor participación de la deseada– y el repertorio de cinco compositores vascos de relieve, pero el aforo de asistentes apenas cubrió la mitad de preparado al efecto. La música pago el tributo de la coincidencia de que, a la misma hora, estaban 22 sobre un césped, con calzón corto detrás de una pelota. ¡Ay, Señor!
El yanqui, de raíces latinas, Robert Treviño, batuta titular de la OSE, debutó en Musikaste con un programa interesante, si bien su labor tuvo manifiestos claroscuros que han de achacarse, a juicio de quien escribe, a su desconocimiento, principalmente del ámbito de la sensibilidad de ama lur, en la empatía respecto a la música vasca. Su trabajo resultó acertado en la visión contemporánea de las obras de Luc y Ozaita, mostrando estar acostumbrado a trabajar las dinámicas de este repertorio principalmente en la “Siciliana”.
Por el contrario, con las composiciones de A. Santiago, Usandizaga y Pagola, fue patente su ausencia de pellizco (“ethos” en griego) en la nervadura vascongada que encierran cada una de estas obras. Acaba de aterrizar y se nota. Si se bebe café con leche no se degusta el aroma del café ni se aprecia la cremosidad de la leche. Eso fue lo que pasó en la “Misa de Réquiem” de Sagasti, escrita en 1814 a raíz del incendio de Donostia, estrenada en 1848 y revisada por “El Maisuba” Santesteban. Treviño mezcló las dos versiones y el resultado no fue de efectista consumo. Hubo descuadre con el Andra Mari, siempre poderoso, en el “Dies irae”, y es que en dos sesiones de ensayo a tutti no se pueden ajustar de repente las ideas armónicas de don Miguel con las de don Juan José.

 
 

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